¿Cuándo hay que consultar?

¿Cuándo hay que consultar?

Hablar de prevención no significa que todo individuo, si quiere vivir bien y mucho tiempo, debe procurarse los servicios de un osteópata desde el nacimiento… Sin embargo, si realizamos un mínimo mantenimiento de nuestro vehículo, ¿ por qué no tendríamos que dar a nuestro cuerpo un mínimo de cuidados ? Un coche al que le damos una gasolina o un aceite de mala calidad, o que no lo reparamos cuando es necesario, no llega muy lejos. El cuerpo puede, desde un cierto punto de vista, ser considerado como un vehículo. No obstante, tiene un margen de tolerancia mucho mayor que el automóvil, porque está vivo y tiene capacidad de adaptación y de compensación. No obstante este margen de tolerancia puede perjudicarle, porque acepta funcionar en condiciones que no son óptimas, de modo que a menudo olvidamos darle la alimentación correcta y equilibrada, el reposo y los cuidados que tanto necesita realmente.

Liberando las zonas de retención más importantes, el osteópata permite al organismo reencontrar una armonía interna y funcionar normalmente.

Como todos somos diferentes unos de otros, tenemos nuestras propias fuerzas y debilidades, como vivimos cada uno nuestra propia vida, con buenos y no tan buenos momentos, no se puede establecer una norma para la frecuencia de los cuidados osteopáticos.

Una regla general puede deducirse de lo que hemos visto en los capítulos precedentes : es bueno recibir un cuidado osteopático después de todo periodo difícil durante el que hemos sido maltratados tanto física como moralmente. Es en esos periodos cuando nuestro organismo acumula las tensiones. Liberar esas tensiones una vez ha pasado la dificultad, permite una recuperación muy rápida en todos los planos. He aquí algunos ejemplos de situaciones en las cuales un osteópata puede ser de una ayuda eficaz.

  • Durante el embarazo y después del parto, incluso cuando todo ha transcurrido sin problemas.
  • Después del nacimiento y durante la infancia, en el transcurso de cambios importantes en la vida del niño, o cuando manifiesta por su comportamiento dificultades de adaptación no habituales en él.
  • Después de todo traumatismo importante, incluso si no hay ninguna herida aparente (caída importante, accidente de coche, incluso sin gravedad ni herida, etc.).
  • Después de toda intervención quirúrgica o médica traumatizante, tratamientos dentales difíciles, extracciones, etc.
  • Antes de la colocación de un aparato dental, durante todo el tratamiento de ortodoncia, así como después de la retirada del aparato.
  • Durante o después de un periodo particularmente estresante o de agotamiento físico o intelectual o de un periodo emocional difícil.
  • Cuando nos sentimos “sin fuerzas”, o después de un periodo difícil.
  • Después de toda enfermedad aguda que requirió la toma de medicamentos. Las personas presentan entonces importantes desequilibrios del organismo en el plano osteopático, hepático y digestivo. Por ejemplo, los antibióticos, algunas veces indispensables, alteran siempre el sistema digestivo y el hígado.
  • Cuando la persona siente la necesidad o el deseo de tratarse. El cuerpo, si ya ha recibido cuidados osteopáticos será más sensible todavía al tratamiento osteopático permitiéndole reencontrar su equilibrio.